Encontré esta nota publicada en la página de la UNC, del lunes, 23 de Enero de 2006. Es muy interesante lo que plantea. Sobre todo teniendo en consideración las infundadas denuncias a las que son proclives principalmente los padres, fomentadas por esta nueva ley de violencia familiar. De todos modos hay dos formas de ver el problema, una, la que redacta la nota, con el peligro que conlleva toda separación para la estabilidad fisico psíquica del menor, y por otro lado, el real objetivo de esta norma es evitar toda posible forma de violencia familiar, para lo cual la ley enumera distintas medidas precautorias, que si son bien utilizadas, pueden cumplir los legítimos fines de esta ley.
De todos modos, pienso que nosotros, los abogados, tenemos que ser muy cuidadosos cuando utilizamos estos recursos, ya que no deben utilizarse para lograr mayores y más rápidos réditos para la madre, sino que se deben utilizar cuando realmente ocurran situaciones de violencia familiar, y más aún si el menor es el que se encuentra en riesgo.
Esta es la nota:
Hijos sometidos a un verdadero lavado de cerebro que terminan aborreciendo al padre. Padres alejados maliciosamente de sus hijos hasta que ya no pueden verlos. Ambos procesos son el resultado de una “campaña de difamación” emprendida por un progenitor contra el otro, y representan un trastorno que gana terreno entre las parejas que se separan de manera conflictiva.
Se acerca fin de año y, lejos de ser un momento de encuentro y recreación familiar, para muchos padres e hijos separados esa fecha suele transformarse en un verdadero calvario. Esto, sobre todo entre las parejas que terminan su relación conflictivamente y en las que uno de los ex cónyuges trata de alejar al otro de sus hijos, cuando éste, en realidad, desea mantenerse involucrado en sus vidas. En esos casos, cuestiones que no deberían representar un problema, como definir la estadía de los menores con sus padres durante las vacaciones de verano o el festejo de las fiestas, se tornan casi imposibles de acordar.
A esta obstaculización arbitraria del contacto con el hijo por parte del otro progenitor se la conoce como “Síndrome de Alienación Parental” (SAP), término acuñado por el psiquiatra infantil norteamericano Richard Gardner para referirse a las situaciones de divorcio en las que el padre alienado llega a ser odiado por el niño a partir de un sistemático trabajo de “lavado de cerebro” ejercido por la contraparte.
Aunque en Argentina no existen estadísticas oficiales acerca de la incidencia social del SAP, algunos especialistas coinciden en señalar que su impacto en los divorcios conflictivos es alto. El terapeuta familiar Carlos Díaz Usandivaras, un referente en la materia a nivel nacional, afirma que alrededor de las dos terceras partes de las disoluciones conyugales “difíciles” presentan conductas típicas de este trastorno, que pueden llegar hasta los intentos de cambiar el nombre o apellido del menor, o las falsas denuncias de maltrato y abuso sexual infantil.
Las consecuencias en el hijo y progenitor separados suelen ser traumáticas, tanto que muchas veces el vínculo entre ambos queda destruido de por vida.
Se acerca fin de año y, lejos de ser un momento de encuentro y recreación familiar, para muchos padres e hijos separados esa fecha suele transformarse en un verdadero calvario. Esto, sobre todo entre las parejas que terminan su relación conflictivamente y en las que uno de los ex cónyuges trata de alejar al otro de sus hijos, cuando éste, en realidad, desea mantenerse involucrado en sus vidas. En esos casos, cuestiones que no deberían representar un problema, como definir la estadía de los menores con sus padres durante las vacaciones de verano o el festejo de las fiestas, se tornan casi imposibles de acordar.
A esta obstaculización arbitraria del contacto con el hijo por parte del otro progenitor se la conoce como “Síndrome de Alienación Parental” (SAP), término acuñado por el psiquiatra infantil norteamericano Richard Gardner para referirse a las situaciones de divorcio en las que el padre alienado llega a ser odiado por el niño a partir de un sistemático trabajo de “lavado de cerebro” ejercido por la contraparte.
Aunque en Argentina no existen estadísticas oficiales acerca de la incidencia social del SAP, algunos especialistas coinciden en señalar que su impacto en los divorcios conflictivos es alto. El terapeuta familiar Carlos Díaz Usandivaras, un referente en la materia a nivel nacional, afirma que alrededor de las dos terceras partes de las disoluciones conyugales “difíciles” presentan conductas típicas de este trastorno, que pueden llegar hasta los intentos de cambiar el nombre o apellido del menor, o las falsas denuncias de maltrato y abuso sexual infantil.
Las consecuencias en el hijo y progenitor separados suelen ser traumáticas, tanto que muchas veces el vínculo entre ambos queda destruido de por vida.
Efectos en el padre separado
Para impedir el contacto del otro progenitor con el niño, estos padres suelen adoptar ciertos comportamientos, como rehusar pasar llamadas telefónicas a los hijos, dificultar el derecho de visita, ocultarles actividades en las que están incluidos los chicos (actos escolares o eventos deportivos), desvalorizar e insultar al otro cónyuge y tomar decisiones importantes sobre la vida de los menores sin consultar a la otra parte, como la elección de la escuela o religión. En ocasiones, incluso recurren a inventar situaciones de maltrato físico y abuso sexual, y pueden ser “apoyados” en esta “campaña” por miembros de su familia de origen.
En efecto, Ricardo Rosemberg, jefe del Cuerpo Técnico de Asistencia Judicial de Córdoba y director de un estudio sobre falsas denuncias de abuso sexual infantil, reconoce que este tipo de acciones aparece con cierta frecuencia en los cuadros de SAP, aunque advierte que no son mayoritarias. En tanto que, según datos del Servicio de Asistencia de Regímenes de Visitas Controladas (Sarvic) del Poder Judicial de Córdoba, las denuncias de abuso sexual infundadas que llegan a ese organismo constituyen del tres al cinco por ciento de los casos.
Cristina De la Cruz, docente de la Facultad de Psicología y especialista en temas de familia y divorcio, investigó el efecto que estas conductas tienen sobre el padre alejado y halló que influyen a nivel físico, psicológico y social. “Sufren desde sentimientos de angustia, desarraigo, irritabilidad y falta de concentración en un estadío leve, hasta depresión, insomnio, ideas suicidas y problemas cardíacos en los casos más graves”, explica.
La psicóloga llegó a esta conclusión luego de entrevistar, junto a un equipo de trabajo, a una veintena de padres víctimas de este fenómeno, además de colegas, abogados y asesores de familia. Entre los resultados del estudio que desarrolló con el aval de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNC, también encontró que tienden a aislarse socialmente y presentan un bajo rendimiento laboral e intelectual.
Mujeres alienadoras
En el intento por alejar al hijo del otro progenitor, históricamente las mujeres han llevado la triste delantera, en una proporción aproximada que oscila entre el 80 y 90 por ciento de los casos. De la Cruz –quien además es mediadora judicial en causas familiares, donde suele registrar cuadros de SAP– atribuye que comúnmente las madres sean las alienadoras a que en general ellas conviven con el menor, lo que les facilita instalar el Síndrome y “programar” al hijo en contra del otro padre. Sin embargo, indica que, aunque en menor proporción, el progenitor masculino puede cumplir ese papel pese a que no viva con el niño y que recurrentemente también suelen ejercerlo las abuelas. Otras fuentes consultadas afirman que la descomposición del tradicional modelo de familia mononuclear frente al avance de las nuevas estructuras de hogar ha emparejado entre ambos sexos ese rol alienador hasta ahora casi protagonizado por el sector femenino.
Lo cierto es que la obstrucción del contacto con el otro padre parece ser el resultado de una relación asimétrica de poder que continúa aun disuelta la pareja. “El tipo de relación establecida entre estos cónyuges durante la convivencia es de dominación-sumisión, de manera que quien cumplía el papel de controlador suele ser luego el alienador”, expresa la psicóloga.
En cualquier caso, la docente universitaria apunta que el mensaje transmitido al hijo por el alienador es que el otro padre ya no es un miembro de la familia, y se establece un pacto de lealtad y un vínculo afectivo con “el progenitor amado” que lo vuelve dependiente de sus pensamientos y acciones.
Guarda y régimen de visita
De acuerdo con Díaz Usandivaras, las conductas para impedir el contacto con el otro padre aparecen frecuentemente en los casos en que se mantienen incidentes judiciales, sobre todo relacionados con la guarda y en especial con el régimen de visita.
Según datos proporcionados por Gabriela Vázquez, psicóloga coordinadora del Sarvic, los cuadros de SAP o “impedimento de contacto” con los menores concentran la mayor cantidad (30 por ciento) del total de intervenciones realizadas por el Servicio en 2005, que incluyen además los casos de abuso sexual (15 por ciento), divorcios conflictivos (25 por ciento), violencia familiar (20 por ciento) y otros (10 por ciento).
A ello se suma que, siguiendo a Vázquez, la conflictividad intrafamiliar en los divorcios viene en alza en los últimos años y arroja mayores indicadores de violencia emocional y física en las disoluciones de parejas. “La intensidad de los problemas y dificultades vinculares observados se están complejizando año a año, y eso hace que las intervenciones deban ser más profundas y sostenerse por más tiempo”, repara.
En opinión de la profesional, en base a las estadísticas que maneja el Sarvic, se observa la tendencia actual a que la obstrucción del vínculo con el padre sea ejercida por madres que, por “realización personal y satisfacción de su narcisismo primario, deciden tener un hijo sin el consentimiento de la otra parte”. Se trata de mujeres que nunca llegaron a conformar una pareja afectiva ni legalmente unida junto al otro progenitor.
La respuesta de la Ley
Las acciones ejercidas desde la Justicia para desarticular las conductas que pone en práctica el alienador parecen resultar poco eficaces. La excepción son los casos más leves, donde las indicaciones legales terminan respetándose, aunque irregularmente. Así lo manifestaron los padres víctimas de este proceso que fueron entrevistados por De la Cruz y su equipo, quienes aseguran que no existe en el país una modalidad efectiva que haga valer sus derechos en las situaciones más graves. En este punto, la psicóloga menciona que habitualmente el alienador no cumple las sentencias de los jueces y que las acciones en ese sentido suelen ser lentas. “En uno de los casos, una denuncia falsa de abuso que derivó en encarcelamiento tardó cinco años en resolverse”, grafica.
Como si fuera poco, la especialista agrega que muchas indicaciones terapéuticas se realizan a nivel individual y no incluyen a todo el grupo familiar, y que los padres entrevistados perciben falta de capacitación y desconocimiento entre los profesionales involucrados en la problemática.
Cualquiera sea el caso, recomienda a estos progenitores alejados no perder jamás el contacto con sus hijos, por breve o poco frecuente que sea, ni entrar en réplica con ellos ante sus ataques, además de buscar ayuda profesional sólida y contención en su familia de origen, amigos o nueva pareja.
Para impedir el contacto del otro progenitor con el niño, estos padres suelen adoptar ciertos comportamientos, como rehusar pasar llamadas telefónicas a los hijos, dificultar el derecho de visita, ocultarles actividades en las que están incluidos los chicos (actos escolares o eventos deportivos), desvalorizar e insultar al otro cónyuge y tomar decisiones importantes sobre la vida de los menores sin consultar a la otra parte, como la elección de la escuela o religión. En ocasiones, incluso recurren a inventar situaciones de maltrato físico y abuso sexual, y pueden ser “apoyados” en esta “campaña” por miembros de su familia de origen.
En efecto, Ricardo Rosemberg, jefe del Cuerpo Técnico de Asistencia Judicial de Córdoba y director de un estudio sobre falsas denuncias de abuso sexual infantil, reconoce que este tipo de acciones aparece con cierta frecuencia en los cuadros de SAP, aunque advierte que no son mayoritarias. En tanto que, según datos del Servicio de Asistencia de Regímenes de Visitas Controladas (Sarvic) del Poder Judicial de Córdoba, las denuncias de abuso sexual infundadas que llegan a ese organismo constituyen del tres al cinco por ciento de los casos.
Cristina De la Cruz, docente de la Facultad de Psicología y especialista en temas de familia y divorcio, investigó el efecto que estas conductas tienen sobre el padre alejado y halló que influyen a nivel físico, psicológico y social. “Sufren desde sentimientos de angustia, desarraigo, irritabilidad y falta de concentración en un estadío leve, hasta depresión, insomnio, ideas suicidas y problemas cardíacos en los casos más graves”, explica.
La psicóloga llegó a esta conclusión luego de entrevistar, junto a un equipo de trabajo, a una veintena de padres víctimas de este fenómeno, además de colegas, abogados y asesores de familia. Entre los resultados del estudio que desarrolló con el aval de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNC, también encontró que tienden a aislarse socialmente y presentan un bajo rendimiento laboral e intelectual.
Mujeres alienadoras
En el intento por alejar al hijo del otro progenitor, históricamente las mujeres han llevado la triste delantera, en una proporción aproximada que oscila entre el 80 y 90 por ciento de los casos. De la Cruz –quien además es mediadora judicial en causas familiares, donde suele registrar cuadros de SAP– atribuye que comúnmente las madres sean las alienadoras a que en general ellas conviven con el menor, lo que les facilita instalar el Síndrome y “programar” al hijo en contra del otro padre. Sin embargo, indica que, aunque en menor proporción, el progenitor masculino puede cumplir ese papel pese a que no viva con el niño y que recurrentemente también suelen ejercerlo las abuelas. Otras fuentes consultadas afirman que la descomposición del tradicional modelo de familia mononuclear frente al avance de las nuevas estructuras de hogar ha emparejado entre ambos sexos ese rol alienador hasta ahora casi protagonizado por el sector femenino.
Lo cierto es que la obstrucción del contacto con el otro padre parece ser el resultado de una relación asimétrica de poder que continúa aun disuelta la pareja. “El tipo de relación establecida entre estos cónyuges durante la convivencia es de dominación-sumisión, de manera que quien cumplía el papel de controlador suele ser luego el alienador”, expresa la psicóloga.
En cualquier caso, la docente universitaria apunta que el mensaje transmitido al hijo por el alienador es que el otro padre ya no es un miembro de la familia, y se establece un pacto de lealtad y un vínculo afectivo con “el progenitor amado” que lo vuelve dependiente de sus pensamientos y acciones.
Guarda y régimen de visita
De acuerdo con Díaz Usandivaras, las conductas para impedir el contacto con el otro padre aparecen frecuentemente en los casos en que se mantienen incidentes judiciales, sobre todo relacionados con la guarda y en especial con el régimen de visita.
Según datos proporcionados por Gabriela Vázquez, psicóloga coordinadora del Sarvic, los cuadros de SAP o “impedimento de contacto” con los menores concentran la mayor cantidad (30 por ciento) del total de intervenciones realizadas por el Servicio en 2005, que incluyen además los casos de abuso sexual (15 por ciento), divorcios conflictivos (25 por ciento), violencia familiar (20 por ciento) y otros (10 por ciento).
A ello se suma que, siguiendo a Vázquez, la conflictividad intrafamiliar en los divorcios viene en alza en los últimos años y arroja mayores indicadores de violencia emocional y física en las disoluciones de parejas. “La intensidad de los problemas y dificultades vinculares observados se están complejizando año a año, y eso hace que las intervenciones deban ser más profundas y sostenerse por más tiempo”, repara.
En opinión de la profesional, en base a las estadísticas que maneja el Sarvic, se observa la tendencia actual a que la obstrucción del vínculo con el padre sea ejercida por madres que, por “realización personal y satisfacción de su narcisismo primario, deciden tener un hijo sin el consentimiento de la otra parte”. Se trata de mujeres que nunca llegaron a conformar una pareja afectiva ni legalmente unida junto al otro progenitor.
La respuesta de la Ley
Las acciones ejercidas desde la Justicia para desarticular las conductas que pone en práctica el alienador parecen resultar poco eficaces. La excepción son los casos más leves, donde las indicaciones legales terminan respetándose, aunque irregularmente. Así lo manifestaron los padres víctimas de este proceso que fueron entrevistados por De la Cruz y su equipo, quienes aseguran que no existe en el país una modalidad efectiva que haga valer sus derechos en las situaciones más graves. En este punto, la psicóloga menciona que habitualmente el alienador no cumple las sentencias de los jueces y que las acciones en ese sentido suelen ser lentas. “En uno de los casos, una denuncia falsa de abuso que derivó en encarcelamiento tardó cinco años en resolverse”, grafica.
Como si fuera poco, la especialista agrega que muchas indicaciones terapéuticas se realizan a nivel individual y no incluyen a todo el grupo familiar, y que los padres entrevistados perciben falta de capacitación y desconocimiento entre los profesionales involucrados en la problemática.
Cualquiera sea el caso, recomienda a estos progenitores alejados no perder jamás el contacto con sus hijos, por breve o poco frecuente que sea, ni entrar en réplica con ellos ante sus ataques, además de buscar ayuda profesional sólida y contención en su familia de origen, amigos o nueva pareja.
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